Bulimia y anorexia: más datos para entenderlas

Desde hace unos años la delgadez se convirtió en el ideal de belleza. Resultar atractivo y parecerse a ciertos famosos es un objetivo a cumplir para muchos adolescentes. La preocupación por el aspecto físico puede llegar a convertirse en una obsesión que gobierna sus vidas.

Las mujeres, y también los varones, aprenden desde niños (erróneamente) que lo más importante es gustar a los demás, ser lindos y atractivos. Consideran a la “belleza” como su atributo más valioso y apoyan su autoestima en aspectos estéticos de su cuerpo, en lugar de tener en cuenta su inteligencia, habilidades o aptitudes.
Confunden cuidar la silueta con perder kilos. La figura flaca es el modelo que quieren imitar y cualquier aumento de peso será considerado una catástrofe para la salud, cuyo castigo pagarán en el gimnasio, con numerosísimos abdominales, sentadillas, estocadas, varios minutos en la cinta o la bici, levantamientos de pesas, o intensas clases de salsa, rumba o zumba.

Y como consecuencia de todos esos pensamientos distorsionados y deformados del significado de la belleza, pueden llegar los trastornos alimentarios, un problema que ha ido en aumento en los últimos años de una manera alarmante, especialmente entre los jóvenes de 15 a 24 años.

¿Cuáles son estos trastornos?
Los más conocidos relacionados con la alimentación son  la Anorexia y la Bulimia nerviosa.

La Bulimia nerviosa se caracteriza por la realización de “atracones” recurrentes. ¿Qué es un atracón? Ingerir alimentos en poco tiempo (por ejemplo en dos horas) en cantidad superior a la que la mayoría de las personas suele comer.
Esta acción se acompaña de  conductas para reparar el atracón,  inapropiadas y de manera repetida: provocación del vómito, uso de laxantes, diuréticos, enemas u otros fármacos, ayuno y ejercicio físico excesivo.

La Anorexia nerviosa es el otro trastorno alimentario. Se caracteriza por un rechazo a mantener el peso igual o por encima del valor MÍNIMO normal (considerando la edad y la talla). Se presenta también un miedo intenso a subir de peso o a convertirse en una persona obesa (incluso estando por debajo del peso normal). Lo que sucede es que existe una alteración de la imagen corporal. Y lo flaco se ve gordo.

Graves consecuencias
Ambos trastornos pueden llegar a tener graves efectos. Desde la ausencia de menstruación, caída del pelo, sequedad en la piel, alteraciones gastrointestinales o complicaciones endocrinológicas, hasta serios problemas cardiovasculares y renales hasta ocasionar la muerte.

¿Cómo detectarlos?
En los primeros momentos del problema, la familia y la persona afectada se dan cuenta de que algo anormal está ocurriendo, pero se avergüenzan, no hablan de ello, niegan que pueda ser un problema y por lo tanto no consultan con profesionales.

Pero, por mucho que le cueste, deben aceptar, que están adquiriendo una enfermedad grave, dolorosa y peligrosa y de la cual no es fácil salir por sí mismo sino que se necesita ayuda especializada.

Indicadores tempranos de que algo está pasando:

  • Aumento importante de la actividad física y disminución de las horas que se dedican a dormir.
  • Alteración de los horarios de las comidas.
  • Alimentación en base a dietas estrictas.
  • Rechazo a la comida.
  • Atracones repetidos, incontrolados y secretos.
  • Consumo de laxantes, diuréticos, píldoras adelgazantes.
  • Tendencia a estar solo, lejos de amistades y a ocupar todo el tiempo en actividades “útiles”, por ejemplo, estudiar.
  • Preocupación excesiva por la imagen y por lo que puedan pensar las demás personas sobre uno mismo.
  • Síntomas físicos como vómitos, ausencia de menstruación o pérdida significativa de peso.

¿Qué hacer si detectamos el problema?
Si creemos que algo de esto está pasando, lo mejor es hablarlo con alguien, un adulto, familiar, profesional o profesor.  Cuánto antes se comience  a tratarlo, menores serán los riesgos en la salud.
Casi siempre el  tratamiento es ambulatorio (en tu casa), pero en ocasiones ocurre que el estado de delgadez y desnutrición de la persona obliga a la hospitalización hasta que suba de peso y cese el riesgo de muerte.
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